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La aparición de Víctor Camarasa en el primer equipo del Levante se vio como la incorporación de un futbolista a coste cero que podía, por sus características, dar continuidad y evolucionar al perfil Vicente Iborra que tan importante había sido para la mejor etapa del equipo granota en su historia con la estancia más prolongada en la élite e incluso con una participación en competición europea.
La confianza que le fueron dando los diferente entrenadores que tuvo en sus primeras temporadas en Primera no había sido correspondida con un rendimiento regular: podía completar partidos donde su aportación repercutía directamente en la performance del equipo e inmediatamente perder peso específico en la sala de máquinas de un equipo destinado a sufrir y a ser reactivo.

El descenso del Levante suponía un punto de inflexión en su carrera, se veía con mimbres para continuar en Primera jugando con regularidad pero no sería con un equipo con más aspiraciones que las que le había ofrecido el Levante (algo que sí habían conseguido durante los últimos años jugadores que habían abandonado la disciplina azulgrana). El enroque del melianero puso al club en una situación delicada de gestionar que desembocó en su salida rumbo a Vitoria.



Y ha sido bajo la dirección de Pellegrino donde hemos encontrado unas pistas de a qué puede llegar Camarasa en Primera. Como si fuera otro punto en donde ligarlo con Iborra, ha sido el ubicarlo en una posición más avanza sobre la pizarra, en la teoría, donde el 8 del Alavés se está mostrando como un centrocampista con llegada, con visión para un último pase pero sobre todo con una interesante lectura de lo que necesita su equipo durante los partidos.
Escribíamos la ubicación más avanzada sobre el papel, donde ciertamente su posición de partida se sitúa por detrás del delantero (Deyverson, con el que se entiende a la perfección) donde rebaña todos los balones sueltos y encuentra espacios, compañeros y no tantos rivales en una posición encarada, pero siguiendo con algo más de detalle su rendimiento en los partidos, sobre todo en casa, podemos detectar cómo cae más a banda derecha si Gaizka Toquero inicia desde esa zona pero acaba jugando mucho más arriba.
Un movimiento que trata de dar equilibrio, ya que en la izquierda Theo (otro del que se debe hablar mucho) y que crea un espacio que abre mucho el campo para Marcos Llorente.

Precisamente con el cedido por el Real Madrid, que también está cuajando una gran temporada con El Glorioso, ha enseñado otro mecanismo en busca de aportar soluciones al equipo. Ante rivales que les han querido apretar durante la salida o que han ocupado mucho campo durante el repliegue del Alavés, Camarasa acude rápido para ayudar en la salida ofreciéndose como una opción más de pase fácil para los centrales. Un movimiento que oxigena y que aporta variedad a la manera en la que el Alavés de Pellegrino comienza a armar sus ataques, teniendo en cuenta que ha sido un equipo que normalmente ha tenido poca posesión en gran parte de sus partidos, es un un buen detalle el ver cómo los jugadores tienen ciertos automatismos para darle mucho valor a sus posesiones.

En las fases, largas, en las que su equipo no tiene el balón. esta nueva situación sobre el campo, algo más alejado de la zona crítica por delante de los centrales, puede llevar a cabo una presión a la circulación del rival ejecutando movimientos de anticipación con menos riesgo y más valiosos para el equipo si consigue recuperar el balón. Con las espaldas cubiertas, las 'lagunas' de concentración o el poco margen de error en comparación con su etapa como interior o mediocentro, le generan más confianza en ese tipo de acciones.

Con su futuro pintando lejos de volver al Levante para jugar, su buen año en el Alavés provocado por este cambio en su situación sobre el campo, presenta a Camarasa como un talento joven a seguir, con mucho por pulir todavía, pero con una demostrada capacidad para asimilar cambios importantes en referencia a lo que debe aportar al equipo.
¿Se animará algún equipo de objetivos más ambiciosos a apostar por él?
No era la mejor oportunidad para el Friburgo de cara a obtener la clasificación para la próxima edición de la Europa League visitar el Allianz Arena. A pesar de que el Bayern ya había cumplido con sus deberes en el torneo local, no era ocasión para despistarse o relajar su tensión competitiva si querían rendir un merecido homenaje a dos de sus jugadores que iban a disputar sus últimos minutos con el campeón: Philipp Lahm y Xabi Alonso, perfiles de leyendas muy diferentes pero de idéntico calado entre los hinchas del Bayern.

Para los locales, el trámite de cerrar el encuentro con victoria se cumplió sin problemas. Como si el partido fuera la excusa, el nudo que enlazara el homenaje inicial (también participó Starke, siempre a la sombra pero siempre efectivo) en el que se rendían honores a los dos protagonistas del día y la posterior celebración de un nuevo título liguero.



Lahm siempre desprendió sensación de tipo inteligente, sobre el campo, adaptándose a diferentes posiciones, destacando en los últimos coletazos del fútbol físico en Alemania y siendo uno de los protagonistas en el camino del gran cambio que ha vivido el fútbol germano desde el subcampeonato de 2002 hasta el título de 2014. Ese fue el último de los más de cien encuentros que disputó con la Mannschaft. Eligió irse, no dejar de ser llamado y lo pudo hacer como campeón del mundo, lo máximo dentro de la profesión, como si el fútbol, tantas veces cruel, le hubiera querido premiar de tal forma.
Por el camino de 15 años en los que ha participado en el fútbol de élite ha acumulado un buen puñado de títulos con el Bayern (además de formar parte del último buen Stuttgart) y permanecido siempre como bastión de uno de los mejores equipos del mundo en diferentes etapas, con diferentes entrenadores y peleando siempre hasta el final, temporada tras temporada, por los títulos. 

En un un costado, en el otro y en aquel periodo como centrocampista, Lahm demostró no ser sólo un rápido lateral con una técnica correcta, sino también un jugador de una tremenda lectura táctica que facilitó la asimilación del juego del equipo a los nuevos y marcó el ritmo de sus compañeros a través de su entendimiento de su altura posicional y su interpretación de las subidas que debía hacer como lateral o los espacios a ocupar como interior.
Un líder, más tarde capitán, hecho desde la regularidad, el trabajo y la inteligencia. 



Cualidades a los que no le va a la zaga Xabi Alonso. El tolosarra llegó a Munich sin necesidad de demostrar nada, habiendo sido campeón de todo y con unas cualidades muy marcadas en su juego siendo uno de los mediocentros más completos de su generación: iniciaba como un '4', defendía como un '5' y atacaba como un '6'.
Al igual de Lahm, también vivió con un papel importante el paso de una etapa indefinida de su selección hacia una 100% reconocible aunque no tuvo la suerte de cerrar esa etapa desde un episodio exitoso.
Su carrera es la propia de un futbolista con inquietudes por mejorar su juego a todos los niveles. Se hizo grande en casa y disputó los mejores torneos con los mejores equipos. Todo aderezado de haber sido dirigido y 'mejorado' por algunos de los técnicos más reputados del momento. Le probaron en varias posiciones dentro de 'la sala de máquinas' y en todas ellas supo imponer su sello al servicio del equipo.

En sólo tres temporadas en el Bayern ha demostrado que era muy cierto aquello de que salía del Madrid para seguir compitiendo al máximo nivel y a pesar de no haber llegado al hito de una tercera Champions con un tercer equipo diferente, su rendimiento y estilo sobre el campo le hicieron ganar rápidamente un hueco en la lista de leyendas del club bávaro.

Ayer se puso fin a dos carreras que durante mucho tiempo se desarrollaron a miles de kilómetros de distancia y que sólo en los últimos años convergieron en un equipo que no pudo alcanzar el éxito en forma de títulos europeos, quedando muy cerca de ello. Pero ese periodo nos permitió descubrir cuantas semejanzas pueden existir entre dos jugadores de posiciones y cualidades principales tan diferentes pero que sí poseían una de las más importantes, hacer mejor a sus compañeros mediante su juego con y sin balón.



Este blog nació, entre otras cosas, tras la entrega del Balón de Oro en 2007 a Fabio Cannavaro. El bravo defensa italiano rompía la hegemonía de delanteros y centrocampistas de corte ofensivo (con alguna que otra excepción) añadiendo un interesante debate por aquel entonces sobre el peso específico en el juego de jugadores, así a groso modo, destinados a frenar y 'destruir' más que a marcar un ritmo o generar juego de donde otros no lo ven.
Unos meses más tarde fue Kaká, tras una brillante, quizás la última, temporada en Milán quien recuperó el patrón habitual en cuanto al perfil del galardonado. Cristiano Ronaldo y Leo Messi le siguieron como balones de plata y bronce respectivamente. Algo podíamos intuir.

Y después llegó uno de los fenómenos de rivalidad más grande, si no el que más, que hemos podido vivir en la historia del fútbol: Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Ambos han regalado un duelo en donde goles, aportación determinante en los éxitos de sus equipos y títulos han copado los últimos 9 Balones de Oro. Tal ha sido el dominio de estos dos jugadores que las críticas hacia el sistema de elección y el focalizar un premio individual hacia un nuevo Barça - Real Madrid ha sobrecargado al aficionado y ha restado perspectiva al impacto de esta confrontación entre dos jugadores de leyenda.

Pero ¿alguien se ha parado a pensar en los enormes jugadores que quedaron tapados por Cristiano Ronaldo y Leo Messi? Quizás el romanticismo de este galardón resida y reconocer un año natural fantástico y que, por el motivo que fuera, no tuviera mucha más continuidad. El listado de ganadores está lleno de jugadores que incluso no fueron capaces de dar un rendimiento decisivo más allá de unos pocos meses, pero desde la llegada de Leo y Cristiano, ya ni tan siquiera han tenido la opción de  desmentir o no su nivel. Repasemos quienes se quedaron con el bronce durante los nueve años siguientes:

2008 Fernando Torres (Liverpool FC)

La temporada 2007-2008 fue la del arribo de Torres a Liverpool y, como vulgarmente se dice, 'cayó de pie' en el equipo. Bajo la dirección de Rafa Benítez rápidamente comenzó a amortizar el coste de su fichaje a base de goles (24 en Premier), varios títulos de jugador del mes durante el curso y finalista como Jugador del Año y Joven del Año en la Premier.
Siguiendo con esa inercia brilló en la Eurocopa de 2008 donde consiguió el tanto en la final que llevó a España a ganar el título.

Siguió jugando en Liverpool a un alto nivel hasta 2011, cuando fue fichado por el Chelsea y comenzó una etapa mucho menos efectiva y con lesiones dispares que llegó incluso a cuestionar sus llamadas a la selección. Una cesión al Milan (2014) y su vuelta al Atlético de Madrid (2015), donde parece que colgará las botas, fueron sus pasos siguientes, mejorando su rendimiento en este último, pero lejos de sus mejores días.

2009 Xavi Hernández, 2010 Andrés Iniesta y Xavi Hernández, 2011 Xavi Hernández, 2012 Andrés Iniesta (FC Barcelona)

La Eurocopa de 2008 supuso la explosión definitiva de Xavi Hernández, típico producto de La Masía. Quizás algo tardía pero definitiva para explicar los éxitos de su equipo y su selección en las temporadas siguientes. Uno de los capitanes del equipo que lo ganó todo con un fútbol de ensueño en 2009, perdió peso en los galardones individuales de todo tipo entre lo coral de su equipo y, como no, a la sombra de Leo Messi.

Continuó en el Barcelona hasta 2015 coleccionando más títulos nacionales e internacionales despidiéndose del equipo con un triplete antes de llegar al fútbol qatarí para jugar sus últimos partidos al mismo tiempo que colabora con el fútbol formativo del país.

Andrés Iniesta fue el socio inseparable de Xavi en el Barcelona y en la selección y los escuderos ideales para Leo Messi, paradójicamente a mejor juego de este trío, menos reconocimiento en forma de premios recibían los dos centrocampistas.
Sus primeros meses de 2010 fueron algo irregulares por las lesiones pero la recta final de la temporada y su gran Mundial de 2010 rubricado con el gol en la final que dio el título a España le puso muy cerca de llevarse el Balón de Oro aquel año del mismo modo que en 2012 cuando fue el líder futbolístico de España en la Eurocopa de 2012 donde el equipo de Vicente Del Bosque rayó a gran altura, sobre todo en la final donde machacó a Italia por 4-0. Aquel año la UEFA sí que le concedió el título al jugador del año.

Todavía continua en el Barça donde siguió ganando títulos a todos los niveles pero donde también sus lesiones musculares han sido más frecuentes.

2013 Franck Ribery (FC Bayern)

El primer atacante que cuestionó, algo de lejos, la determinación de Cristiano Ronaldo y Messi. Rápido, técnico, goleador y con una gran visión de juego (23 asistencias aquella temporada) fue el canalizador del juego de ataque bávaro el año en el que lograron el triplete con Jupp Heynckes. Tal era su impacto en el juego que llegó a recibir el premio al jugador del año de la UEFA por delante de los dos jugadores franquicia de Barça y Madrid, también jugador del año en Alemania y varios galardones individuales de menor prestigio que venían a señalar que sí, Ribery fue el mejor jugador de aquel año... entre los humanos.

Después llegó Guardiola al Bayern y cuando todos pensábamos en que él podía ser 'su' falso 9, comenzó un camino de lesiones menores pero que le mantenían mucho tiempo apartado de la competición. La llegada de Lewandowski desplazó a Müller, después llegó Douglas Costa, algún minuto para Götze... junto a unos cambios de sistema en donde el francés no tenía el mismo rendimiento de Balón de Oro que en aquel 2013 sobre todo en el apartado goleador.

Sigue en el Bayern como uno de sus jugadores más carismáticos y líderes del vestuario en un rol, desde luego, más secundario que el de hace un par de temporadas.

2014 Manuel Neuer (FC Bayern)

Quizás el miembro del podio más estimulante de todos ¡un portero!. Así de importante ha sido su aportación al puesto, dándole el paso definitivo para marcar las líneas maestras de lo que debe de ser un portero moderno, completo en las facetas clásicas del puesto y, además, siendo el primer jugador en iniciar el juego de ataque. Aquel año no sólo explotó estas características de la mano de Guardiola, sino que la vio reforzadas en la selección de Löw que se llevó el Mundial en 2014 con un fútbol dinámico y ofensivo en donde el meta era el primer y último eslabón de ese engranaje clásico alemán pero con un juego terriblemente móvil. No en vano, aquel año fue futbolista del año en Alemania y Guante de Oro en el Mundial.

Lleva varios años entre los tres mejores porteros del mundo, aunque será difícil que vuelva a estar en el podio del Balón de Oro si no consigue un año exitoso con su club y con Alemania una vez visto todo su potencial. Pero el mero hecho de llegar a esa altura del Balón de Oro ya puede considerarse un hito más en su carrera.

2015 Neymar (FC Barcelona)

Está destinado por su edad y por el escenario en donde se desenvuelve a tomar el relevo de Messi y Cristiano Ronaldo en este apartado. Técnicamente insuperable y con una concepción ofensiva del fútbol que siempre genera cosas. Hubo dudas sobre cómo encajaría en el ataque del Barça tan supeditado a crear espacios para Messi pero es su mejor socio.
Aquel 2015 ganó cinco de seis títulos en donde su participación en la eliminarais de la Champions fue clave marcando en todos los partidos, tanto de ida como de vuelta, desde cuartos hasta la misma final. De hecho nadie marcó más goles que el en aquella edición de la Champions al igual que en la Copa del Rey

Fue bronce en el Balón de Oro pero sí fue distinguido como mejor jugador sudamericano en la Liga e incluido en varios XI del año de aquel curso.
Continua jugando en el Barcelona.

2016 Antoine Griezmann (Atlético de Madrid)

Líder y estilete de un rocoso Atlético de Madrid que fue finalista de la Champions y de una selección francesa que quedó a las puerta de llevarse la Eurocopa en casa en donde fue mejor jugador y máximo goleador del torneo.
Rápido, listo y con un amplio abanico de recursos para el remate, seguramente el quedarse a las puertas de levantar títulos le restó a la hora de competir con Cristiano Ronaldo (que ganó lo más relevante en 2016 pero si la participación que tuvo Griezmann) y con Leo Messi a pesar de tener la comparativa de disputar el mismo torneo regular, el mismo tipo de fútbol.

Hay quienes aseguran que este 2017 será su último año en el Atletico de Madrid y que pondrá rumbo a la Premier.
Una década es tiempo suficiente para corroborar si un hecho es un espejismo fugaz en medio del desierto o, por el contrario, se trata de una dinámica consolidada. En el caso del Sevilla FC, no parece que lo vivido en los últimos años sea fruto de casualidades sino de la consecución de medidas acertadas que se han visto recompensadas de la mejor forma que cabe esperar. Más allá de los triunfos, de la regeneración permanente del equipo, del saneamiento y de los títulos conseguidos, lo realmente valioso de este club es haberse convertido en una de las entidades de referencia del panorama europeo. No se trata de Copas, sino de haber asentado un estilo de trabajo que implica que ningún jugador es imprescindible. Todos son reemplazables. Piezas de las que no importa qué calidad tengan, su valor, edad o trayectoria, porque quienes ocupen su lugar harán olvidar fácilmente a aquellos que se fueron.

Hace más de diez años comenzó a forjarse la leyenda de un equipo destinado a ir en contra de la lógica que dicta el fútbol. No voy a hablar de los títulos que ya todos conocemos ni de sus proezas, prefiero centrarme en su década a través de sus entrenadores. Pocos clubes han experimentado tal diversidad de sentimientos enfrentados en tan poco tiempo. Un puzzle de sensaciones que van desde la euforia al hundimiento, haciendo realidad lo imposible, siendo protagonista de gestas históricas, de caídas y resurgimientos, todo ello intercalado con momentos de deriva. Filias y fobias sazonadas con lapsos de hermanamiento, de unidad a través de un himno universal o de afligimiento tras la pérdida de su icónico baluarte.



La primera semilla la sembró Joaquín Caparrós. Sentó las bases del equipo que debía ser, más que tácticamente, psicológicamente. Preparó el terreno para construir un imperio en el que Juande Ramos sería quien levantase los primeros trofeos. Era el Sevilla del centenario, compacto, de los puñales por bandas, de la casta, el coraje y de las grandes noches de Europa. Era el pequeño que se cuela en el patio de los grandes y les chulea. Sin miedos y creyendo en lo imposible cuando más utópico parece. Es la zurda de Puerta, del cabezazo de Palop y sus paradas milagrosas, de creer por encima de todo y de hacerse grandes cuando estaban destinados a ser invisibles.
Tocaron techo, qué más se le podía pedir al Sevilla. No conformarse. No querían ser una estrella aislada en un firmamento donde hay constelaciones que arrebatan el protagonismo a golpe de talonario. Querían construir su propia galaxia. Pero les costó encontrar el camino. Tras los primeros éxitos de Juande se vivieron unos meses de incertidumbre. Ganan la Supercopa de España aunque caen ante el Milan en Europa y el técnico pone rumbo a Tottenham de una manera poco ortodoxa que nada gusta en Nervión. Esos desaires no son nada comparados con el vacío y el quebranto tras el fallecimiento de Antonio Puerta. La personificación del sentimiento sevillista dejó huérfana a la afición pero su legado sería eterno y se convertiría en el sustento en el que apoyarse cuando les ha tocado levantarse. 

Rotos por el dolor estaban obligados a rehacerse. Había que reaccionar y la mejor decisión fue dar continuidad al trabajo realizado hasta entonces pensando en hombres de la casa. Es el bloque conservador. Tres años de Manolo Jiménez en los que podía verse reflejado como el Unai Emery del Valencia. Cuestionado, sin valorar sus logros y con análisis continuos a su rendimiento. No importaban las terceras plazas, clasificarse para Europa, entrar en Champions o las herramientas que tuviera. Se le exigía más. El Sevilla necesitaba hacerse aún más grande y él parecía un lastre. Su destitución se produjo tras empatar contra el Xerez, habiendo clasificado al equipo para la final de Copa del Rey y ostentando la quinta plaza liguera en dicho momento. Sería su sucesor, Antonio Álvarez quien sumaría un nuevo título copero a final de temporada. La credencial idónea para ganarse la confianza efímera que se esfumó al ser eliminados en la previa de la Champions.

Tras un periodo de incertidumbre y de intentar dar continuidad al trabajo iniciado por Caparrós y Juande, la directiva decide cambiar el perfil de los entrenadores. Arranca el bloque más inestable, en el que los proyectos parecen no tener consistencia. El equipo nunca llega a encontrar su mejor versión como consecuencia de la lucha interna entre mantener los pilares fundamentales sobre los que se fraguaron los éxitos o romper con el pasado para seguir puliendo su perfil. Sentar en el banquillo a Gregorio Manzano, Marcelino García Toral y Michel González, la triple M, sugiere que las ideas estaban confusas. Cada uno con su filosofía, cambiando al equipo y con una principal laguna. El trabajo de la secretaría técnica no se veía reflejado sobre el césped. Tras años en los que las bandas, la velocidad y el empuje eran la seña de identidad, llegaba el turno de pensar en el centro del campo: Zokora, Romaric, Cigarini, Guarente, Kondogbia, Trochowski, Javi Hervás o José Campaña, entre otros, pero nunca llegó un auténtico líder capaz de comandar la medular ni hacer de nexo de unión. Salvo cuando entró en escena la dupla Rakitic-Medel. 

Y llegó Unai Emery para devolver la estabilidad al equipo. Entrenador admirado y odiado a partes iguales e, incluso, al mismo tiempo. Su contratación suscitó cierto recelo y siempre se tuvo en perspectiva su trayectoria en el Valencia, donde nunca fue suficiente lo que hizo para valorarle. Llegó a mitad de temporada (2012/13) y no obtuvo los puntos necesarios para clasificar al equipo para las competiciones europeas. Sin embargo, la fortuna sonrió a los sevillistas que consiguieron el billete para la Europa League gracias a los problemas administrativos de clubes mejor posicionado. A partir de ahí volvieron a reinar en su competición fetiche. Tres títulos consecutivos silenciaban cualquier atisbo de duda sobre el rendimiento del equipo aunque durante la temporada siempre existía cierto runrún que no aprobaba determinadas decisiones del técnico, alineaciones o planteamientos. Cada curso sabía cómo reinventarse ante un plantel que en verano se reformaba por completo a través de la política de fichajes de la secretaría técnica. Supo exprimir cada incorporación hasta conseguir su mejor versión, incluso la que ni el propio jugador sabía que existía. Generalmente, tras un periodo de tanteo y adaptación a sus nuevas herramientas, Emery sacaba a relucir su cuaderno de entrenador. Entonces se atrevía a usar a Rakitic o Iborra como segundo punta, adelantar o retrasar la posición de Aleix Vidal en función de las exigencias del guión, proporcionar a Banega el rol de líder diferencial, permitir a M'Bia libertad para sentirse goleador decisivo o concederle a Reyes una segunda y tercera juventud. No titubeaba cuando debía tomar decisiones audaces en partidos determinantes y la jugada le salía bien mientras la suerte les sonreía, demostrando que el Sevilla no juega finales, las gana. 
Unai Emery se fue por la puerta grande. Devolvió la calma a un equipo que había entrado en la espiral de cambiar de entrador con frecuencia y sin paciencia para que los proyectos personales cuajasen. Consiguió lo que parecía impensable, tres Europa League consecutivas, y dejó el listón alto para su sucesor en el último bloque, el que pone fin a una década de prestigio. 


Aún es pronto para saber si servirá para prolongar la dinámica asentada o iniciar un nuevo periodo con metas más ambiciosas. Casualmente, Emery es contratado por el Paris Saint-Germain para ganar la Champions. La mirada del Sevilla apunta a la misma competición pero con un técnico inexperto en Europa. Sampaoli es avalado por la Copa América que Chile gana a Argentina pero ante todo por su pasión, compromiso, amor al fútbol y trabajo concienzudo. Cambio de estilo, de piezas y de objetivos pero con la misma esencia ganadora que va tatuada en el ADN sevillista. De momento, ha pasado la prueba de fuego en la fase de grupos de la Champions y ha logrado incomodar a Real Madrid y FC Barcelona en la lucha por el título liguero. El amateurismo funciona como filosofía sevillista y en unos meses podremos saber si con el resultado más deseado: un nuevo título. 

Texto escrito por Montse García (analista de fútbol internacional, autora de 'James Rodríguez, el Vals de Colombia'). Colaboró en el blog entre 2010 y 2011
Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo. (Oscar Wilde)

Claudio Ranieri (Roma, 1951) fue siempre más estoico que hedonista. Quizá fuese el ad astra per aspera que inspiró buena parte de los logros del Imperio Romano el que marcó su planteamiento como director técnico. Quizá fuese iniciarse en esto de entrenar ganando la Serie C1 con el Cagliari y la Serie B con la Fiore. Quizá fuese su condición de técnico en ocasiones apagafuegos. Quizá lo limitado de sus plantillas, siempre confeccionadas con pinzas y retales. Quizá el estrés continuado de depender del estado de ánimo de directivas de personalidad tan límite como las de Valencia, Atlético de Madrid, Chelsea o Inter. Quizá ser el elegido para comandar proyectos tan fallidos como el de una Juve o un Monaco que necesitaban volver a primera división tras oscuros episodios de descenso. Quizá un currículum tan parco en títulos como sólido en el tiempo. Sí, seguramente fuera toda esa mezcolanza de avatares del destino la que haya forjado la personalidad del último entrenador del año según la FIFA. El colofón fílmico a la última historia épica del deporte mundial.

Sabiendo sufrir se sufre menos. (Anatole France)

Decía Gaizka Mendieta en una entrevista recién retirado que prácticamente no disfrutó del fútbol como juego hasta casi el fin de su carrera, ya regalando sus últimos coletazos de rubio genial en el Riverside Stadium de Middlesbrough. Buena parte de su sufrimiento llevaba la firma de Claudio, un entrenador que hizo explotar a uno de los mejores centrocampistas españoles de la historia… haciéndolo jugar de lateral izquierdo. Así, partiendo de esa posición de carrilero en una línea de cinco defensas, el vasco metió el mejor gol de su carrera y logró su único gran título como futbolista, la Copa del Rey de 1999. Por cierto, el último trofeo que Ranieri poseía hasta hace unos meses. Mendieta nunca estuvo tan a gusto sufriendo como aquella temporada, fuera de su sitio natural. Y, curiosamente, nunca tuvo tanto brillo como en mitad de aquel lodo.

Es un gran error creerse más de lo que uno es, o menos de lo que uno vale. (Goethe)

La cuestión es que, por cuestiones inmateriales y difícilmente plasmables en papel, Claudio Ranieri es el Leicester y el Leicester es Claudio Ranieri. Miren sus respectivas hojas de servicio. Sufrimientos, caídas, actos de levantamiento sin heroicidades. Pragmatismo estajanovista. Poco brillo y mucho sacrificio. Hostias en la boca, sangre en los dientes y pocos buenos dentistas a la vista. El valor que uno se da a si mismo. En un momento histórico sin conciencia de clase, el trabajador puede seguir en los dos polos opuestos de la ilusión más líquida, bien pensando lo que haría si fuera su jefe, bien pensando lo que la masa de trabajadores debería hacer para que el mundo fuese una utopía socialista. En ambos casos, la confusión está servida y por ello el avance es imposible. La única opción es saberse mercenario y valorar la propia capacidad de trabajo. Ranieri siempre prometió lo que podía llegar a dar en cada club en el que fue contratado. Nunca fue un personaje mediático, más allá de su simpatía conjugada con ocasional causticidad, como cuando recibió con un “Buenas, tiburones: bienvenidos al funeral” a los periodistas en la rueda de prensa previa a la eliminación del Chelsea en la Champions de 2004. Incluso ahí sabía lo que iba a pasar. No engañó a nadie.

El trabajo en equipo es esencial; te permite echarle la culpa a otro. (Anónimo)


En 2014, Riyad Mahrez parecía un futbolista condenado a repetir la historia que tantos otros han versado. Futbolista de origen humilde, con capacidades que podría no explotar nunca de manera regular. Uno de esos que una vez deslumbra y diez te saca de quicio. Jamie Vardy no dejaba de ser uno de esos chavs ilustrativos de la obra de Owen Jones. Kasper Schmeichel era otro de esos hijo-de-leyenda teñidos de gris. Robert Huth podría haber sido un central de primer nivel pero nunca encontró acomodo en Stamford Bridge. Con ellos, el Leicester había estado nada menos que trece jornadas seguidas sin ganar un partido en la temporada 2014/2015. Un equipo que no era equipo. Un cuerpo sin alma. Un grupo condenado a sufrir por sus carencias. Seguramente, por las mismas que un año después serían virtud.

Plantearse los menos problemas posibles es la única manera de resolverlos. (Jean Cocteau)

Ranieri desembarcó en el King Power Stadium después de que Nigel Pearson salvase al equipo del descenso sumando siete victorias y un empate en los últimos diez partidos del curso anterior. Nadie sumó más en tan poco tiempo aquel año. Un incidente sexual con componente racista y su grabación en vídeo –ese signo de enfermedad mental generalizada que caracteriza estos tiempos- por parte del hijo de Pearson, jugador de la plantilla, desembocaron en el desenlace esperado. Nadie entendió la contratación de Ranieri, ni tan siquiera Gary Lineker. El mismo que tuvo que presentar el primer programa deportivo de la nueva temporada en calzones tras perder la apuesta sobre la victoria del Leicester en Premier. La cuestión es que Ranieri desembarcó en el equipo y retocó bastante poco. Como había hecho tantas otras veces a lo largo de su carrera, se dedicó a hacer un trabajo de construcción a partir de los materiales preexistentes, acercándose más a lo ingenieril que a lo arquitectónico. Reducir errores. Construir un edificio feo pero sólido. Cuando compramos una casa, no nos importa la fachada sino las vistas. Y Claudio entendió que la calma era una bonita perspectiva. Y diseñó un equipo para no sufrir en la clasificación. Para ello decidió sufrir en el campo solucionando problemas antes de tenerlos en frente. Pidió a una roca del Caen, un jugador parecido al Makélélé que había entrenado en Stamford Bridge. Pagó 8 millones de euros por un desconocido. Y esa mole solucionó muchos problemas de raíz. Se llamaba N’Golo Kanté. Por detrás de él, obreros. Por delante, un campo abierto para destrozar al rival con la pólvora que había y que tuvo que secar antes de usar.

Por lo menos una vez al año todo el mundo es un genio. (Lichtenberg)

Cuando el Leicester acabó segundo la primera vuelta de la Premier, empatado a puntos con el Arsenal y sin haber bajado del octavo puesto en diecinueve jornadas, muchos pensaron que acabaría desinflándose. Sorprendía que un equipo con poca profundidad efectiva de banquillo, y cuyo fichaje más caro había sido un mediocentro defensivo, aguantase tanto. Pero lo hacía. La opinión pública recelaba del aguante de un equipo capaz de meter cuatro goles en Anfield, que tenía a un Jamie Vardy en vena y que era el equipo que mayor cantidad de duelos individuales ganaba en la porfía del balón. Era una cuestión de bricolaje táctico, algo inminentemente caduco, decían. Pero Ranieri se sobrepuso a su apodo en las Islas (The Tinkerman, algo así como “el Remiendos”). Destrozó al City en su propia casa y su delantero estrella, un exdelincuente juvenil fichado a precio de saldo, hilaba once partidos seguidos marcando. Mientras tanto, el desconocido mediocentro de los ocho millones de euros era ya un titán de ébano y su interior izquierdo, el francés que se empeñaba en jugar con Argelia, era el mejor lanzador de contraataques de toda la Premier. Y sí, muchos en Europa nos empezábamos a emocionar ante la evidencia de estar viviendo algo único.

Los deleites duran mucho menos que su recuerdo (Gerald Barry)



Fue John Carlin quien definió al Leicester como un cometa. Algo que pasa muy de vez en cuando, que deja una estela en el firmamento que se puede trazar durante cierto tiempo pero que, lamentablemente, acaba desapareciendo en el vacío para volver al cabo de una eternidad. Cada generación ve acaso uno de ellos, y a mí personalmente el Halley me cogió con cuatro años, y por supuesto ni lo vi ni me acordaría. Tengo claro que Carlin tenía razón. Imagino que Ranieri también lo tiene claro, seguramente por eso y no por otra cosa estaba viendo a su madre en Italia mientras los foxes consagraban la gesta en uno de esos absurdos fallos de programación (¿cómo demonios gana el Leicester la Premier viendo la jornada por la tele?). Conociendo al personaje, imagino que no quiso alterar su rutina mientras él se la alteraba al planeta fútbol, fijando un hito de difícil comparación en el deporte profesional. Creando eternidad, por seguir con los símiles astronómicos, como un agujero blanco, esa maravillosa hipótesis de ciencia-ficción que regala materia en un milisegundo.

Yo no me encuentro a mí mismo cuando más me busco. Me encuentro por sorpresa cuando menos lo espero. (Montaigne)

No creo que Ranieri se retire con más títulos mayores. No me imagino a su Leicester, de hecho, clasificado para Champions League muchas más veces hasta su próximo descenso a la Championship. Quizá la segunda competición europea los acoja próximamente. Quizás alguna Carling, quizás alguna FA Cup. Creo que ese pensamiento lo tiene mucha gente en el mundo del fútbol. Ranieri incluido. No es un pensamiento, sino más bien una certeza. Aunque también lo eran otras cosas, como que la Tierra era plana o que el Leicester iba a bajar en 2015. Las certezas de hoy son la soberbia de mañana. Eso se descubre con el tiempo, se lo encuentra uno al abrir la nevera de los recuerdos y te golpea con ese olor hiriente de la comida pasada. Del mismo modo, frente al espejo del tiempo, Claudio Ranieri se encontró a si mismo casi al final de su carrera. Vio heridas, una cara marcada, unas manos secas, unos ojos cansados. Y, reflejada en ellos, como un detalle escondido en una foto que solo es corriente en apariencia, el prístino brillo del trofeo de liga más épico, inesperado y alentador que se recuerda en el fútbol moderno. El mismo que nos recuerda que, en ocasiones, lo sublime y lo heroico se dan de la mano para escupir en la cara a lo esperable y gris. Ranieri se encontró frente al mundo, al fin.

Texto ideado y ejecutado por JM Martín (escritor, músico, docente y futbolero). Colaboró en el blog entre 2009 y 2010
Sin lugar a dudas el hecho de haber llevado el blog y coincidir con la mejor etapa de la selección española será uno de los mejores recuerdos que el staff de Uno o Dos Toques guardará por siempre.
Un ciclo que juntó todo lo que entendemos  que tiene que formar parte de un equipo legendario: un estilo de juego definido y atractivo para el espectador, jugadores determinantes en todas sus líneas, una evolución táctica amplia y una dirección de campo más gestión de grupo más que notable.


Luis Aragonés nos dio alguna pista durante el Mundial de 2006, sentó unas líneas maestras y tomó decisiones importantes para hacer historia en 2008. Incluso podríamos decir que tomó las decisiones más difíciles donde su personalidad y su experiencia le ayudaron a soportar las críticas ante sus elecciones más discutidas. Con esas directrices un perfil como el de Vicente Del Bosque, con la perspectiva que nos da el tiempo, se convirtió en un acierto a la hora de dar continuidad a la generación que juntó Luis en el juego y gestión la convivencia de un grupo que vivió la otra cara del éxito, la de la exigencia extrema en cada partido. También tuvo 'sus incendios' y ahí brilló su  mano izquierda.

Pero como en tantas otras ocasiones, estos equipos legendarios nacen a partir de aparición dentro del mismo periodo, de jugadores con un nivel de determinación en su rol altísimo, como escribía al principio. Iker Casillas, sin ser el portero más completo en su mejor momento, sí se mostró como el mejor en los campos en los decidía los partidos: reflejos, agilidad, 1vs1... dejó paradas decisivas en partidos claves.
Por delante de él todavía disfrutamos de Sergio Ramos, que inició el camino desde un lateral y pasó al centro de la defensa primero haciendo pareja con el pundonor y el gran sentido competitivo de Puyol y después con la lectura del juego de central como primer constructor de juego de Piqué

De ahí se llegó a 'los bajitos': Xavi como guía, marcador de ritmos, Iniesta como su socio y los Silva, Cesc, Mata, Cazorla... jugadores de un mismo corte que se entendieron a la perfección y que contaron con Senna, Busquets y Alonso como futbolistas de muy bien pie, pero con una misión menos vistosa pero igualmente importante para dar equilibrio al 'posesión + progresión' como se bautizó el juego español en la Euro de 2008.
Y de ahí se llega a, quizás, la gran seña de este sensacional equipo: un ataque en donde la figura de un 9 clásico o, cuanto menos referencial, era un plan B o incluso C. Villa como estilete que mejor supo entender el juego de la selección siempre escorado al flanco izquierdo y Fernado Torres un 9 que, en su mejor momento, disfrutaba atacando espacios y dibujando desmarques. Y después la variante del falso 9.

Del Bosque se encontró con la tesitura de pasar tramos de competición, tanto en fase final como, menos,en clasificaciones, sin disponer a un delantero en forma ya hecho al juego tan concreto de España y tuvo que tirar de crear un espacio en la zona de ataque, generar una superioridad de efectivos en el medio y que entre un centrocampista que se descolgara y las diagonales de hombres de banda, atacar mucho y normalmente bien. Una puesta en escena arriesgada ante equipos que encontraron una forma de tapar esos espacios puesto que mermaba mucho la efectividad en esos partidos.



No querría dejar pasar la oportunidad de mentar a jugadores con tramos muy cortos o menos brillantes dentro del equipo como Marchena (que no pareció el mismo central en la Eurocopa de 2008) Capdevila y Arbeloa. Jugadores que quizás 'chirriaban' dentro del juego coral del equipo pero que alcanzaron un nivel equiparable al de sus compañeros y que dejaron huecos complicados de rellenar tras sus salidas del equipo.

Desde 2007 España comenzó un camino hacia alcanzar cotas inimaginables que ha tenido un parón tras el Mundial de Brasil y la pasada Eurocopa, porque sembró una semilla que germinó rápidamente hasta el punto de no tardar en encontrar a jóvenes talentos que pelean por dar continuidad al corte de futbolistas que han protagonizado este trayecto dorado y que desde Uno o Dos Toques esperamos poder tener la oportunidad de seguir escribiendo.
Las llegadas en este mercado de invierno de Carlos Tévez y Axel Witsel a la Liga China ha vuelto a poner en el centro del debate las incorporaciones que los equipos chinos están haciendo en los últimos tiempos. Más o menos desde que las grandes empresarios, como si siguieran los planes de su Gobierno, decidieron invertir en potenciar a los equipos del país.



Pero el debate ya no sólo se centra en las motivaciones competitivas que puedan encontrar en este torneo o de lo complicado o no que pueda resultar la aclimatación una vez superado el impacto cultural, sino en las cantidades de dinero que están decidiendo la llegada de jugadores europeos, sudamericanos o africanos para ser los jugadores determinantes de sus nuevos equipos.
Salarios que al aficionado de a pie puede escandalizar por la suma que alcanza 'sólo' por jugar a fútbol, nuevas tentaciones que compiten con los pudientes del Viejo Continente, lamentos de seguidores viendo como futbolistas con margen de rendimiento en Champions, por ejemplo, 'salen' de  nuestra lista de partidos habituales.
Una visión un tanto egoísta que nos impide ver algo habitual en los tiempos modernos, ver como un torneo menor vive una inyección económica (habitualmente externa al propio fútbol) con el objetivo de provocar un crecimiento quizás antinatural, pero con una posibilidad de éxito que bien vale el esfuerzo.

A un nivel inferior lo vimos con el Brasileirao unas temporadas antes del Mundial de 2014. Diferentes empresas invirtieron mucho dinero, el suficiente para mantener a sus estrellas más tiempo del habitual, contratar a los mejores jugadores del Cono Sur e incluso repatriar a figuras descontentas pero con buenos salarios en el fútbol europeo.
China busca un papel con más peso en el panorama internacional dentro del fútbol, como si por la proporción de habitantes sólo sea cuestión de tiempo encontrar a 'su' Messi particular. Mientras tanto, crea un escenario donde ese futuro talento crezca rápido y con impacto: escuelas, más profesionalización y figuras con doble objetivo: enganchar a su público y elevar el nivel del jugador local.
Y tal vez no se haya hablado tanto, pero también en los banquillos apuestan por la experiencia de técnicos de éxito: Scolari, Pellegrini, Vilas Boas, antes Lippi... todos ellos tendrán la exigencia de ganar dejando un sello, pero de manera indirecta deben dejar una semilla, en sus jugadores y en el cuerpo técnico con el que hayan trabajado para que su aportación sea íntegra al desarrollo del fútbol en China.

Para que todo este idílico plan funcione es necesario que el dinero esté ahí de una forma que no esté vinculado al resultado a corto plazo, porque hasta con eso garantizado, no es fiable el compromiso del jugador aún pagándole un sueldo inimaginable en estos días en cualquier otro torneo.
Ha sido trabajada la victoria del City ante el Arsenal en el partido más atractivo de la jornada en la Premier. Guardiola tuvo que reorganizar a sus jugadores para voltear un partido que se había puesto 0-1 ante un rival que había dado buenas muestras de su potencial en las últimas semanas.
No pudo puntuar el PSG ante el Guimgamp continuando una racha de malos resultados (no tanto de juego a mi entender) que encienden todas las luces de alarma en el Parque de los Príncipes.
Y le cuesta cerrar los partidos al Bayern de Munich en un año en donde ha encontrando a un nuevo rival en su periplo por la Bundesliga.

Equipos con un potencia económico y deportivo suficiente como para pasear por sus respectivos torneos con mejores resultados o un tramo de buen juego más regular, o hasta las dos cosas a la vez que también comparten otro punto en común: los tres cambiaron de entrenador durante este verano en busca de dar un paso más en su proyecto deportivo a medio plazo. 
El City busca que sus semifinales de Champions el año pasado no se convierta en un bello recuerdo, el París Saint Germain busca lo mismo, después de erigirse como un equipo con recursos pero todavía no suficientes para controlar a alguna individualidad determinante en Europa.
Lo del Bayern es quizás distinto: Guardiola no encontró la manera de mejorar a un equipo que sin lugar a dudas dio un paso importante con él al frente después de un triplete.



Y a pesar de que un cambio de entrenador siempre lleva consigo la revisión de los automatismo que funcionaban y el trabajo de implementar los nuevos, los que se entienden como las mejoras que trae el nuevo preparador.
En el caso de estos tres entrenadores, tal es la diferencia de potencial entre sus nuevos equipos y el resto, que se daba por hecho que los torneos locales caerían por inercia y habría tiempo para preparar el asalto europeo. No tan absoluta era la afirmación con el nuevo City de Guardiola por la competencia que siempre presenta la Premier, pero sí era el principal favorito en la temporada en la que, con seguridad, el torneo regular inglés juntará prácticamente a los mejores entrenadores del mundo peleando por el título.
Emery y Ancelotti sí que se ponían a los mandos de equipos hechos y con demasiada diferencia de potencial con el resto.

Pero a ninguno de ellos les está yendo como esperaban. La distancia con respecto al líder para Unai, los tramos irregulares de resultados para Pep y un juego más espeso en el caso de Carlo
Muchos aficionados esperaban, hasta se comentaba con desprecio, que con semejantes plantillas no son necesarios especiales dotes como entrenador para cumplir con los objetivos mínimos. Nada más lejos de la realidad: las nuevas naturalezas que se encuentran en torneos nuevos, la diferente competitividad de los nuevos rivales se une al ya conocido handicap de trabajar con un nuevo grupo que no conoce al 100% las líneas maestras de sus nuevos directores.

Es muy pronto para calificar el resultado en los estrenos de estos atractivos proyectos, pero está más que bien que se produzcan para que los que seguimos esto valoremos el mérito de los que toma decisiones en la élite más exigente del fútbol europeo.
El partido entre la Real Sociedad y el Atlético de Madrid se presentaba como uno de los partidos más atractivos de la jornada en la Liga. El equipo dirigido por Eusebio se está mostrando sólido en sus partidos en Anoeta y el punto de forma del equipo les presentaba como un exigente rival ante este Atleti que tantos recursos y registros ha mostrado ya desde la llegada de Simeone.

No ha sido la mejor tarde los rojiblancos, que se vuelven a casa con una derrota por 2-0, pero la forma en la que ha encajado los goles me ha recordado las sensaciones encontradas que me genera Jan Oblak. El joven portero esloveno ha tenido una rápida e impactante asimilación de lo que significa jugar en un equipo tan exigente como el de Simeone. Sin drama alguno ha hecho olvidar la figura de Thibois Courtois y hasta aguantó el tirón del buen arranque de Moyá en su primer año.
Tal es su relevancia bajo palos que es imposible no tenerle presente los partidos más importantes del cuadro colchonero en les tiempo que lleva defendiendo su arco.

Sobrio, ágil, corpulento y con una reflejos de portero de élite se ha erigido como uno de los mejores porteros del Viejo Continente después de presentarse al mundo en un muy buen año en el Benfica que le valió su pase al Atlético de Madrid.
Pero siempre encuentro en los lanzamientos de penalty el apartado en el que necesita un trabajo más específico (ya hablaremos en otra entrada sobre el juego con los pies, algo clave en porteros modernos)
No quiero que esta entrada suene a oportunista después de encajar dos goles de penalty hoy en Anoeta, es un handicap importante en sus características como portero que, por su edad, tiene margen para mejorarlo pero que hasta que ese trabajo dé sus frutos, se nota como los delanteros que estudian a los porteros conocen la zona izquierda de Oblak como su lado débil en disparo desde los once metros.


Ayer los dos penalties con los que venció la Real fueron a ese lado, optando Oblak por lanzarse a su lado seguro, el natural siendo diestro. Pero viajando unos meses atrás, recordando la tanda de penalties de la pasada final de la Champions League, es fácil comprobar cómo los goles del Real Madrid en esa tanda llegaron por el flanco débil del meta rojiblanco. Justo en la ronda anterior, en Munich, Oblak mantiene vivo (y a la postre clasifica) al Atleti deteniendo un penalty a Muller... tirado hacia su derecha.
Comentaba sobre el trabajo sobre esa zona y ya en esta edición de la Champions podía intuirse mejora cuando paró un penalty a Guardado por el lado débil (tampoco es que el mexicano ajustara mucho). 
No vengo a decir que esa zona sea un acierto seguro para lanzadores, claro que Oblak ha parado penalties en esa zona, pero es innegable que sus estiradas hacia ese costado no son todo lo naturales que deberían.

Aún así, hay que reconocer que los lanzamientos desde los once metros son una de las suertes más complejas para los porteros, donde no sólo la técnica a la hora de lanzarse es fundamental, sino que aspectos psicológicos como (ya en la élite) el estudio de lanzadores rivales cobran un importante protagonismo en la preparación para este aspecto en los guardametas. 
Ochenta y cinco días es bastante tiempo en el fútbol moderno. Casi tres meses de competición da para asentar las bases de lo que busca un nuevo entrenador para su equipo y, dado lo vertiginoso de los calendarios en el fútbol europeo, jugar casi una veintena de partidos oficiales; suficiente como para probar, corregir y ajustar automatismos básicos que exploten las virtudes de lo que dispones.

Pero para esto se deben de dar una serie de circunstancias que Frank De Boer no ha encontrado en su etapa como entrenador del Inter de Milan. Con 46 años y una interesante carrera con su Ajax, se había convertido en uno de esos entrenadores a los que queríamos ver con un reto más importante que pelear la Eredivisie con un condenado hasta en sus peores días a ser candidato al título. Le hemos visto sacar a jóvenes talentos, voltear campeonatos que parecían perdidos y dar la cara en partidos relevantes en Champions League. Para mí, y con el apoyo de su experiencia como jugador en la élite, un preparador que necesitábamos ver en una de las grandes ligas del Viejo Continente y sumarse a su quinta que tan buenos resultados está dando al frente de equipos punteros en Europa.

Llegar al Inter podía interpretarse como ese paso lógico en su carrera, pero una vez visto el resultado, se confirmaba el temor del mal 'timming' que dirigentes y/o entrenador llevaron a cabo. 
Veo totalmente necesario dibujar el escenario en el que aparece De Boer, como alternativa a Roberto Mancini con quien se había planificado plantilla y pretemporada y que tras varios desencuentros con la dirección del club, es despedido a dos semanas de arrancar oficialmente el curso. 
Este ha sido el primer handicap (ojo, que ya conocía y aceptó el entrenador neerlandés al firmar) que marca considerablemente la etapa de De Boer como entrenador neroazzurro.
Tampoco el capricho del calendario de encontrarse a los rivales que dejaba la Juve tras el camino puede dejar de presentarse como un arma de doble filo, podía llegar desfondados después de un encuentro siempre exigente contra la Vechia Signora o aparecer realmente ansioso por recuperar puntos que se perdieron ante los actuales campeones.


Aún así, centrándonos en lo puramente futbolístico, no se puede negar que De Boer ha intentado cosas para sacar el máximo rendimiento de un buen equipo. Navegó entre el 4-2-3-1 como Plan A y el 4-3-3 como herramienta secundaria y con la que, personalmente creo, más se acercó a lo que quería de su Inter. La interesante incorporación de Joao Mario junto al golpe que supuso el fichaje de Candreva servían como buenos escuderos para la llegada de Ever Banega, llamado a llevar el timón integrista en su nuevo intento de asaltar plazas Champions. Icardi, Éder, Miranda, Kondogbia, Perisic, Brozovic... mucho mimbre para armar el cesto como bien se pudo ver en la buena victoria ante la Juventus a mediados de septiembre.

Pero De Boer ha pecado de cierta inocencia a la hora de sentar una de sus líneas maestras en cuanto a presentar un equipo muy expuesto atrás, algo poco habitual en Italia y que le ha provocado encajar bastante goles fruto de repliegues lentos ante contraataques o segundas jugadas ante las que el centro del campo no llegaba presto a la ayuda. 
Hablando en plata, estamos muy acostumbrados a decir aquello de que los centrales que juegan en Italia nos parecen más de lo que son por jugar 'más arropados' y con De Boer ha sido todo lo contrario, no siendo la pareja Miranda - Murillo una de las peores que puedas ver en la Serie A.

Un detalle que seguro que trajo de cabeza al ya ex entrenador del Inter ha sido encontrar la ubicación sobre el césped donde Banega sea más determinante. Como 10 en la línea de tres mediaspuntas dejaba carencias en la 'sala de máquinas' a la hora de elaborar una jugada y como interior en el 4-3-3 perdía su último pase.
Pero si algo ha condenado a De Boer ha sido la falta de acierto en ataque. Mauro Icardi, quien apartado de su vida fuera del terreno de juego es un jugador franquicia en la siempre exigente Serie A, va a empezar el mes de marzo con ocho goles y dos asistencias en once partidos, unos números escandalosos si por parte de sus compañeros en el ataque hubiera algo más, pero más allá son cuatro jugadores los que se reparten cinco goles. El saldo es que ni con los números de Icardi se salva el desastre si no hay una aportación más generosa de los que juegan detrás de él o más contundencia por parte de los que deben evitar los goles.

Stefano Vecchi, entrenador del Primavera, se hará cargo del equipo hasta que la dirección deportiva encuentre a un sustituto para el ex del Ajax con un primer partido bien exigente: visitar Southampton como último de grupo en la Europa League, una competición que quizá descuidó De Boer usándola a medias entre centro de pruebas y partidos para los menos habituales aprovechando no haber caído en un grupo excesivamente exigente y que, por ello, se ha convertido en una herencia envenenada para su(s) sustituto(s).
De momento el Inter va a sumar a su noveno técnico desde que en 2010 ganara el triplete con José Mourinho, y por lo que ya suena, llegarán a los diez para cuando acabe el presente curso.